Francisco Cenamor

Del llibre Casa de Aire

 

III

Caes,

a veces

en la cuneta.

Golpes.

Tu vida no era

como esperabas.

Se ha nublado ya

y es tarde.

Los golpes,

el abandono.

XIII

Enseñas

la foto de tus hijos

cuando te piden

el carnet de identidad.

 

XXV

Doña Bolsas

de los niños que te siguen.

Hechicera

del olor de otros.

Madre de raídos peluches.

Y siete muñecas rotas.

 

 

1,44 p.m.

Cabeza calva, ojos tristes, piel de luna.

La niña se agarra siempre

a la mano de alguna enfermera.

Hoy ha venido alguien a verla. Al irse,

se ha sentado en el borde de la cama.

A mirar el otoño que cada mañana entra en su médula.

 

 

8,57 p.m.

Avanza espigado

con su antena blanca,

palpando el aire

en su incesante toc toc

contra la acera.

Musita en el cerebro

sus propios colores

antes de encontrarla.

Por fin, sus oídos y su nariz

la distinguen claramente.

No deja de mirar su cuerpo

con sus manos.

Cuando hacen el amor

le gusta la tibieza

de sus pechos en la cara.

Descubrir con la lengua

su contorno.

Contemplar feliz

con su cuerpo

cada momento de ella.

 

Quinto acto

Se han marchado todos.

Un cuchillo falso reposa en un estante

recogiendo la tenue luz que entra en el camerino.

Dos maniquíes conversan en silencio sobre

el final del último acto.

Lo permanente se instala en lo vacío de la escena,

posibilidad de ser siempre la última función.

 

 

 

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