|
Al borde de lo imposible, en inexacto equilibrio hemos ido arriesgando un improbable futuro. Encadenando sonrisas dormidas en nuestros labios como horripilantes rictus.
Así vamos. Olvidando, a veces, sin darnos cuenta las cosas inolvidables. Arrancándonos renuncias. Doblegando voluntades por razones siempre absurdas. Entregados a la vida año tras año, durmiendo, aletargados y ciegos, con autómatas acciones, sin un: "por qué", ni un: "a donde".
Así estamos. Desconcertados y huecos. Extendiendo nuestras manos sin saber hallar en ellas mas que vacío y mentiras.
¿Qué somos? ¿Dos amantes? ¿Dos rivales? ¿Dos enemigos sin tregua? ¿Quizás dos desconocidos?
El silencio me responde una y otra vez. Sin duda la respuesta mas sincera.
Y... sin embargo, ¡Cómo me confunden tus ojos profundos cuando no me miras! Y yo me aprovecho para recrearme asomado a ese fondo.
Lo veo todo claro. El ayer, el hoy y el pasado mañana se aparecen limpios contigo en el centro, amante, tranquila, dueña y seductora de mi alma despierta.
Se mezclan las aguas que los malos vientos trajeron un día. Y el alba, furiosa, me lo explica todo desde tus pupilas brillantes, etéreas, cielo transparente en el que quisiera sumergir el miedo que, a veces, se aferra contra mi garganta.
Entonces... tu te das cuenta. Y me miras. Y al instante ese fondo sin misterio se empaña y se vuelve otro que desconfía y que duele. Y surge la que me aflige. La otra tu. La antagonista. La que me hiere el sentido y me convierte en contrario.
Quizás el amor sea eso: un culto extraño, intangible a dioses desconocidos creados en el delirio de cada mente que ama.
O quizás lo cierto sea ese fondo de tus ojos cuando no me estás mirando.
Te quiero ¿Sabes? Te quiero. Aunque no sepa expresarlo. Al borde de lo imposible. En inexacto equilibrio. Sin un: "por qué". Ni un: " a donde". Tal y como se refleja en el fondo de esos ojos cuando no me están mirando.
|
No soy capaz de andar por los caminos nuevos abiertos ante mi como presente, recreando un pasado a la medida de este mañana incierto que se acerca.
Dejo atrás imposibles madrugadas y ojos de lagartijas que me miran desde las tapias blancas de mi infancia, indolentes y altivas, Siempre alerta al vuelo del mosquito despistado y a este sol de agosto que mas calienta. Me quedo con la tarde misteriosa perdiendo el tiempo, persiguiendo hormigas.
Los campos de trigales se han dormido sobre un inmenso lecho de rastrojos muertos que decoran la vieja certidumbre, hermana de otros tiempos, ya lejanos. Y con todo el recuerdo, sin remedio, vuelve una y otra vez, haciendo daño, situándose en medio del paisaje sin dar tregua a la luna prisionera.
Todo se me confunde en este fondo negro de negro, negro. Contra el blanco. La pupila que brilla y que me quema hasta la misma llama del recuerdo. Y aunque quiero, partiendo de ese brillo, reconstruir tu rostro en mi memoria, una manada de horribles arañas me enredan y me inyectan su veneno.
¿Quién eres tu? Dime. ¿Quién eres? Que andas de puntillas por mi vida haciéndote, día a día, imprescindible como el ribazo verde es para el río. Si es que no has de venir tal como eras, desaparece al fin entre las sombras que rodean mi frente enfebrecida a la luz de esta luna llena y fiera.
|