Ferran Capel

Dues poesies de Ferran Capel del seu llibre Habitante del silencio, escrites en uns moments difícils de la seva vida, tot superant una dificil malaltia.

La primera, Como me confunden tus ojos profundos, qüestionant-se la relació de parella, i la segona, Luna llena y fiera, on expressa el profunt dolor d'un present incert, el poeta està malalt, i  l'enyor d'aquella innocència que no sap de penes. 

Ferran Capel sap arribar al lector i emocionar-lo.

Como me confunden tus ojos profundos

 Luna llena y fiera

Al borde de lo imposible,
en inexacto equilibrio
hemos ido arriesgando
un improbable futuro.
Encadenando sonrisas
dormidas en nuestros labios
como horripilantes rictus.

Así vamos.
Olvidando, a veces,
sin darnos cuenta
las cosas inolvidables.
Arrancándonos renuncias.
Doblegando voluntades
por razones siempre absurdas.
Entregados a la vida
año tras año, durmiendo,
aletargados y ciegos,
con autómatas acciones,
sin un: "por qué",
ni un: "a donde".

Así estamos.
Desconcertados y huecos.
Extendiendo nuestras manos
sin saber hallar en ellas
mas que vacío y mentiras.

¿Qué somos?
¿Dos amantes? ¿Dos rivales?
¿Dos enemigos sin tregua?
¿Quizás dos desconocidos?

El silencio me responde
una y otra vez. Sin duda
la respuesta mas sincera.

Y... sin embargo,
¡Cómo me confunden tus ojos profundos
cuando no me miras!
Y yo me aprovecho
para recrearme
asomado a ese fondo.

Lo veo todo claro.
El ayer, el hoy
y el pasado mañana
se aparecen limpios
contigo en el centro,
amante, tranquila,
dueña y seductora
de mi alma despierta.

Se mezclan las aguas
que los malos vientos
trajeron un día.
Y el alba, furiosa,
me lo explica todo
desde tus pupilas
brillantes, etéreas,
cielo transparente
en el que quisiera
sumergir el miedo
que, a veces, se aferra
contra mi garganta.

Entonces... tu te das cuenta.
Y me miras.
Y al instante
ese fondo sin misterio
se empaña y se vuelve otro
que desconfía y que duele.
Y surge la que me aflige.
La otra tu. La antagonista.
La que me hiere el sentido
y me convierte en contrario.

Quizás el amor sea eso:
un culto extraño, intangible
a dioses desconocidos
creados en el delirio
de cada mente que ama.

O quizás lo cierto sea
ese fondo de tus ojos
cuando no me estás mirando.

Te quiero ¿Sabes? Te quiero.
Aunque no sepa expresarlo.
Al borde de lo imposible.
En inexacto equilibrio.
Sin un: "por qué".
Ni un: " a donde".
Tal y como se refleja
en el fondo de esos ojos
cuando no me están mirando.

 

No soy capaz de andar por los caminos nuevos
abiertos ante mi como presente,
recreando un pasado a la medida
de este mañana incierto que se acerca.

Dejo atrás imposibles madrugadas
y ojos de lagartijas que me miran
desde las tapias blancas de mi infancia,
indolentes y altivas, Siempre alerta
al vuelo del mosquito despistado
y a este sol de agosto que mas calienta.
Me quedo con la tarde misteriosa
perdiendo el tiempo, persiguiendo hormigas.

Los campos de trigales se han dormido
sobre un inmenso lecho de rastrojos muertos
que decoran la vieja certidumbre,
hermana de otros tiempos, ya lejanos.
Y con todo el recuerdo, sin remedio,
vuelve una y otra vez, haciendo daño,
situándose en medio del paisaje
sin dar tregua a la luna prisionera.

Todo se me confunde en este fondo
negro de negro, negro. Contra el blanco.
La pupila que brilla y que me quema
hasta la misma llama del recuerdo.
Y aunque quiero, partiendo de ese brillo,
reconstruir tu rostro en mi memoria,
una manada de horribles arañas
me enredan y me inyectan su veneno.

¿Quién eres tu? Dime. ¿Quién eres?
Que andas de puntillas por mi vida
haciéndote, día a día, imprescindible
como el ribazo verde es para el río.
Si es que no has de venir tal como eras,
desaparece al fin entre las sombras
que rodean mi frente enfebrecida
a la luz de esta luna llena y fiera.

 


Del seu llibre anterior El hombre del SUR, pròleg de Francisco Candel, dos poemes d'arrels lorquianes, preciosos.

Me gustaría tanto

Nocturno - II


                     (Canción de amor a una niña morena
                       que vive en tierra adentro)


Me gustaría tanto vivir
entre la olas del mar.
Ser pescador de sueños.
Ser nube y temporal.

Me doy a las estrellas
y a las palomas blancas,
y a los colores viejos
de la mañana.
Yo, por una sonrisa,
entrego la esperanza.
Y por un pensamiento
doy hasta el alma.
Voy y vengo entre los ecos
de la brisa lejana,
recomponiendo esbozos
de porcelana,
que son como tus ojos,
de nostalgias tempranas,
que regalan caricias,
en la mirada.

Me gustaría tanto
vivir en tierra adentro
y sembrar
tu vientre de futuros.
Ser arado y yuntal.

Quiero preñar el aire
con cada desaliento
y olvidar los pasados
llenos de miedo.
Quiero añorar, tan solo,
tu olor de fruta y heno.
Quiero cerrar los ojos
y verte quiero.
Anticiparme al río,
llegar antes que el viento,
al umbral de tu casa,
llegar primero.
Que cuando tú despiertes
sientas sobre tu pecho
los amores cansados
que yo tengo.

Me gustaría tanto
vivir entre tu pelo
y tejer
con tus cabellos, redes
que te guarden, mujer.

 



Alcánzame esa luz, que yo no llego
y quiero disponer de su blancura.
Tú la puedes traer, estoy seguro,
con sólo alzar tus ojos hacía ella.
Tráemela, que preciso de su brillo
para guiar mis pasos por la vida.
Ven aquí, que tenemos muchas cosas
de que hablar, antes que llegue la aurora
y el día rompa este sortilegio
que nos mantiene juntos en lo oscuro.
Dame la mano y siente el desespero
del pulso que me corre por las venas,
llevando en el torrente de mi sangre
el desbocado sueño de los locos,
detrás de las estrellas solitarias,
huidas de galaxias remotas
que nunca descubrieron telescopios
por mucho que en la noche escudriñaran.

Quédate junto a mí, dame tus labios
y piérdete en la atmosfera del miedo
que rodea los míos, tibios, fríos,
cansados de besar bocas extrañas.
No lo seas para mí tú, en esta noche.
Finjamos que estuvimos siempre juntos,
e inventemos la historia de un amor
heroico y admirable. Creeremos
que el mundo nos envidia por lo nuestro
y que nadie, en la faz de este planeta,
ha encontrado la dicha que, en esta noche,
tenemos prisionera en cada beso.

Déjame hundir mis dedos en tu pelo
y acariciar tu piel con la mirada
y perderme en el fondo de tu vientre,
andando los caminos prohibidos
más profundo que nunca anduvo nadie.
Déjame hacer senderos por tu espalda
y entrégate a quererme de igual modo.

Alcánzame esa luz, y date prisa
que está a punto de darse cuenta la luna
y esta noche yo no quiero, que eres vida
y no algo inalcanzable entre las sombras.

Alcánzame esa luz, que yo no llego
Y quiero disponer de su reflejo
Para poder mirarnos frente a frente
Y así reconocernos esta noche
En que los ojos,
Nuestros ojos, brillaran más que la luna.

 

 

En el web: ferran capel

          girona

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