Bili Sánchez Montenegro

 

 

La adquisición de la demencia es asunto delicado
-de acuerdo-
tan delicado
como la oscuridad de los errores,
errores que nos llevan de las manos
por la vida,
o de los pies
cuando arrastran.
o de nada
cuando son abismos.
Pero la adquisición de la demencia
es asunto colorido
-de acuerdo-
rojo extenso
o azul
o verde,
el mismo azul verde
que se lleva en el rostro
cuando la esquina del patio
fue castigado,
patio lejano y terrible,
blanco y negro

pero los colores pueden cambiar,
pueden ser claros
como el rocío,
gota alegre
que cae en el rostro
hasta ser
gota de acero
reventando la frente
y la cordura.

Pero la adquisición de la demencia
no es cuestión trágica
salvo cuando encuentras un cuchillo
y lo observas,
al lado no sólo queda la chompa
sino el pantalón
y las medias.
Todo hace suponer
que existió un cuerpo
en el lado ahora frio de la cama,
y destrozas el cuerpo
-perdón-
las ropas,
con tu claro cuchillo,
destrozas la cama,
la habitación
y cuando decides acabar
con el último culpable,
te ponen una camisa limpia,
blanca
apretada en el cuello,
con botones negros
y sin brazos,
luego regresas al azul verde
de aquella esquina lejana
donde alguna vez te ataron las manos
y callaste.

Pero la adquisición de la demencia
no es cuestión trágica
tampoco fácil,
es ver la palabra
como quien ve
de nuevo
un cuchillo,
es saber que la palabra
es rastro de alma
hecho sol,
es empuñar el cuchillo
y clavarlo en los ojos
suavemente
y cortarte las manos
-impecable soledad-
es hacerte más grandes las heridas
mientras nadas en la sangre,
sangre de cuchillo,
y contra el mundo caminas
horrorizado
hecho pedazos

o mejor
lanzas el cuchillo al cielo
para contemplar el bello vuelo
para ver cómo alas tiernas lo llevan
alas inmensas
y vuela
y vuela
y sonríes

es acuchillar miles de hojas
despedazarlas
y cubrirte el cuerpo
de hojas muertas,
para ocultar tu desnudez,
tu sangre,
tus heridas

es también
llamar tiernamente
a todo eso
poesía,
y esperar
esperar con todas tus fuerzas
contemplar el cielo
cuchillo en mano
cuchillo en boca,
esperar
a que te disparen
o te griten
demente.

 

 

Difícil hablar de cuentas,
deudas y negocios
si el sol te arranca los ojos
y la llovizna te quiebra la voz.
Difícil vivir sabiendo
que la poesía
no saltará a tus brazos,
sino que tienes que buscarla

en las silenciosas manos
que piden una moneda,
en las inciertas calles
de niños bajo el cielo,
en la arrogancia
de los poderosos,
o en la muerte

de aquellos
que dejaron el alma
en poesía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya todo fue escrito.
Aquí no he dejado
ni una palabra brillante
ni un estruendo de belleza
ni verdad alguna.
Aquí sólo reflejo
las canciones que mi padre
recuerda por las tardes.
Las tibias manos de mi madre
cuando me peina.
Los árboles de un parque
que es un bosque
cuando los niños se confundes
con las aves.
Aquí dejo la mirada al cielo.
Las sombras a las que enfrento.
El fuego.
Ya todo fue escrito.
Y a pesar de ello
cada día despierto,
cada día
despierto
con el sol
 en el pecho.

 

 

 

 

 


Libro de poemas: Rosario

Lima, 2002

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